—Hasta el momento, nadie se ha enterado de mis visitas; nadie sabe que usted me permite ver al Asko. Lo mismo ocurrirá con el retador, se lo aseguro. Todo estará bien —insistió Eris ante la negativa de Kemp.
El hombre se limpió la frente perlada de sudor e inhaló profundamente. No quería meterse en problemas, pero tampoco disgustar a la sacerdotisa, que tenía conexión directa con los dioses.
—He traído pociones medicinales y vendas. Lo ayudaré a sanar, como al Asko. Sólo tomará un momento, pe