«Si el rey muere, yo lo seguiré», había pensado Eris al ver a la segunda esposa aferrar algo filoso en la mano con claras intenciones de atacar al monarca. Si el rey moría, ¿para qué necesitarían seguir existiendo sus esposas? Y si era una de ellas quien le daba muerte, las otras pagarían con su vida sólo por compartir tal título.
En un fugaz parpadeo vio a la reina Ilna y a sus damas agitarse mientras se convertían en banderas humanas. Ella no sería una más, no si podía evitarlo a cualquier