XLIX El regreso

Valle del Zazot, manada blanca

Luego de un viaje de dos días, Akal y Umak llegaron al lugar donde se asentaba la manada, en medio de un enorme bosque siempre verde. El primero en salirles al encuentro fue Sike. Atribulado, no perdió tiempo en relatarles con lujo de detalles lo que había ocurrido desde su ausencia: la hostilidad con que los recibieron en la reunión del alfa supremo, la partida de Furr hacia el interior del valle para buscar a su hermano y el evento que más los había afectado.

—Ocurrió durante el atardecer, aunque muchos se dieron cuenta hasta la mañana siguiente. Fue como si me sacaran el aire y hasta el alma del cuerpo, una exhalación que ya no se pudo recuperar; así perdimos al espíritu de lobo que invitaste a habitar en nuestros cuerpos. Volvimos a ser simples hombres, débiles y mortales como el resto; ya no podemos convertirnos en lobos ni luchar como lo hicimos. ¿Sabes la causa de tal suceso? —preguntó, esperanzado, y Akal apretó los labios.

—Lo sé y lo lamen
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