Akal había aceptado su destino y estaba dispuesto a morir por proteger a su esposa y a su hijo, porque ese era su legado; no la manada que había creado su padre, sino la suya, la que estaba formando.
—Espera un momento —lo interrumpió Alter, mirando a Sike—. ¿No le contaste de la visita del tal Tek? —preguntó, y Sike negó—. Se presentó un Liak que venía en representación de tu hermano mayor, Kaím. Vino a pedir tu colaboración para enfrentar a un tal Rakum, hermano del supremo, que se ha aliad