¿El Asko la había protegido al dejarla en Balardia? Eso era lo que Eris había entendido de las palabras de Kemp, que la cruel decisión de su amado había sido por su bien.
—Definitivamente me amas más que él. Escúchame, Kemp, si quieres seguir viviendo. Esto es lo que les dirás a Nov y a los demás...
Eris salió mareada de la sala del trono. El aroma a sangre que emanaba de Kemp, la esencia de húmedo amargor de los rincones del palacio, todo contribuía a enfermarla. Fue hasta sus aposentos y se