Aldea Forah
Sabiendo que su hermana ya estaba a salvo bajo el cuidado de Kemp, y que su madre ya le había sido de ayuda, Eris se encaminó hacia la taberna bajo la tormenta.
El viento gélido y la nieve no le significaban problema alguno; sentía que por fin respiraba desde que arribara a la capital. Sus pulmones y su piel ardían en respuesta, tanto que creyó que, si se deshacía de su abrigo, ni siquiera tiritaría.
Nunca tuvo problemas con el frío, sí con el hambre y la falta de oportunidades. Al convertirse en reina, había ofrecido tierras a la gente de Forah; tierras cultivables en un clima más amable. Muchos aceptaron, el resto seguía allí y ella no se preguntaba el porqué. Algunos se acostumbraban tanto a sobrevivir, que el mero hecho de vivir les resultaba demasiado similar a la muerte. A ella le pasó, hasta que conoció al Asko y vivir para verlo un día más fue suficiente.
Ahora no lo era; ahora había mucho más que ella quería, como conocer la verdad sobre sus orígenes.
Empujó las