LIII Sola

Aldea Forah

Sabiendo que su hermana ya estaba a salvo bajo el cuidado de Kemp, y que su madre ya le había sido de ayuda, Eris se encaminó hacia la taberna bajo la tormenta.

El viento gélido y la nieve no le significaban problema alguno; sentía que por fin respiraba desde que arribara a la capital. Sus pulmones y su piel ardían en respuesta, tanto que creyó que, si se deshacía de su abrigo, ni siquiera tiritaría.

Nunca tuvo problemas con el frío, sí con el hambre y la falta de oportunidades. A
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Rosario Santanaahhh! q ansias por saber q más va a descubrir. gracias por actualizar
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