Eris llegó al comedor y el puesto junto a ella permaneció vacío todo el tiempo que duró el desayuno. La muchacha que tanto temía ser la siguiente en desaparecer parecía haberlo sido por fin y nuevamente nadie mencionó nada sobre su ausencia. Los temores que la hacían temblar se habían convertido en una profecía ineludible y Eris supo que se le acababa el tiempo, así que fue con Eladius.
Que el rey fuera un hombre ocupado, con tantas esposas y otras mujeres para entretenerse le daba la ventaja