Al ver el agotamiento en su cara, la euforia en los ojos de Paolo se desvaneció, reemplazada por una sombra de remordimiento. Sintió un fuerte pesar.
Sabía que una noche así era demasiado para su cuerpo delicado, pero simplemente no pudo controlarse. Era un deseo de posesión que lo desbordaba.
Nunca había perdido el control de esa manera. Sentía como si ocho años de emociones contenidas se hubieran acumulado durante la semana que ella estuvo inconsciente, a punto de hacerlo estallar. Necesitaba