El invierno cedió su lugar a la primavera, marcando el renacer de la naturaleza. Al cumplir el noveno mes de gestación, durante una mañana de clima sumamente agradable, Cristina dio a luz a una niña.
Aquella alborada estaba impregnada de la vibrante esencia primaveral, destilando un aire de vitalidad y nuevos comienzos. Lejos del agobio del calor veraniego o la crudeza invernal, la pequeña eligió hacer su entrada al mundo en la época de mayor esplendor y calidez del año.
—A ver, Esperanza Morel