Cristina se fue en taxi. Mientras iba en el auto, recibió una llamada de Paolo.
—¿A dónde fuiste?
El tono de Paolo sonaba ansioso.
—Fui a ver a una amiga.
Respondió Cristina con sinceridad.
—¿Qué amiga? —el tono de interrogatorio era intenso—. Sofia me acaba de decir que saliste. Niña tonta, te fuiste sin decirme nada, habría enviado a alguien para llevarte.
—No hace falta, tengo manos y pies, ¡tomar un taxi es muy conveniente!
Dijo Cristina riendo.
—¡Los taxis son peligrosos!
Los dedos de Paol