La franqueza de su pregunta la puso nerviosa y se quedó inmóvil, sin saber qué decir. Antes de que pudiera encontrar una respuesta, una sombra se cernió sobre ella. Unas manos firmes la tomaron por los brazos y la inmovilizaron contra el otro extremo del sofá.
—Anda, dime... ¿cómo fue?
Se inclinó sobre ella sin previo aviso.
Ella lo miraba, aturdida, perdida en esa cara atractiva de ojos entrecerrados y sonrisa descarada. El corazón le latía desbocado.
—Te voy a dar una última oportunidad para