De repente, le mordió el lóbulo de la oreja. El cuerpo de ella se sacudió y, aprovechando ese instante de estremecimiento, sus dedos se deslizaron dentro de ella.
Cristina se tensó de golpe. Sus manos se aferraron sin fuerza a los hombros firmes de él, mientras jadeaba con dificultad.
Una sonrisa perversa se dibujó en los labios de Paolo. Exploró su interior estrecho; disfrutaba atormentarla de esa manera, verla perderse poco a poco bajo su control.
“Pero... ¿por qué siento una barrera?”.
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