Angelo enarcó una ceja y la miró desde arriba. Vio el brillo en los ojos de ella y se pasó una mano por la frente, sin saber si reír o molestarse. Su voz denotaba una profunda incredulidad.
—Cristi, ¿en serio estás aquí por tu cuenta?
—No preguntes más, Angelo. Eso no importa, solo acéptame y ya. Además, ¿no notas algo diferente en mí?
El agarre de Cristina se tensó. Levantó la barbilla con un gesto desafiante, y sus ojos brillaron con una luz intensa mientras lo miraba fijamente.
Angelo seguía