Era una tentación letal que despertaba cada uno de los sentidos de Angelo, centímetro a centímetro.
—Angelo…
Cristina lo miraba fijamente, con los ojos húmedos, atenta a cualquier reacción suya. Estaba muy nerviosa y solo deseaba que todo terminara cuanto antes. Arrodillada en el sofá, sentía cómo le temblaban las piernas.
Él se frotó la frente. Verla acercarse de esa forma le provocó una sacudida interna. Con la mirada intensa, dijo con los dientes apretados:
—Cristi, baja de ahí. ¡Ahora mismo