—Se siente increíble… Estás destinada a ser mía, nuestros cuerpos encajan a la perfección.
Mientras se movía dentro de ella, Paolo bajó la cabeza para besar sus labios entreabiertos, bebiéndose los gemidos que no dejaban de brotar de su garganta.
El pecho de Cristina subía y bajaba con violencia mientras él levantaba sus piernas para profundizar cada estocada, moviéndose con una técnica experta y lenta.
La maravillosa sensación de fundirse el uno con el otro los envolvió, y Paolo liberó toda la