La cordura de Genaro se desmoronaba poco a poco mientras el llanto continuaba.
Sin embargo, no tuvo el valor de destruir esas últimas palabras. Apartó la carta para evitar que sus lágrimas siguieran mojando el papel. Era el último recuerdo que ella le dejaba. ¿Pero por qué tenía que terminar así? ¿Por qué? Si decía que lo había perdonado, ¿por qué tenía que irse?
Genaro no podía aceptar su partida. De ninguna manera. Abrió la puerta, agarró las llaves de la mesa, bajó corriendo las escaleras, s