Las luces de neón parpadeaban bajo el cielo nocturno de la ciudad, mientras unas cuantas estrellas dispersas se ocultaban entre las nubes, eclipsadas por el resplandor artificial.
Jordi y Genaro se citaron junto a la costa, como solían hacerlo, manteniendo esa complicidad tácita que los hermanos habían conservado durante años.
—Maldita sea, después de tanto tiempo, sigues con esa obsesión por jugar a saltar al mar.
La figura alta y erguida de Jordi se acercó lentamente hasta posar la vista en e