Logramos enviar lejos a Genaro gracias a la astucia de tu asistente. Mi padre incluso me regañó, preguntándome por qué yo no conseguía empleados así de competentes.
—Susan no quería hacerlo. Genaro podría odiarla por siempre —reflexionó Paolo.
—Pues los hechos dicen lo contrario. La gente que puse para cuidarlo me reportaba que, incluso en sueños o cuando tenía fiebre, llamaba a Susan. No salía con nadie. Las mujeres se le ofrecían y él las rechazaba como si fuera de roca. Mis empleados llegaro