El Hospital Militar era también donde estaba internada Gabriella.
La noche anterior, en la oficina del director del hospital, Paolo había donado sangre de forma anónima, exigiendo al director confidencialidad sobre su identidad.
Que Gabriella sobreviviera podía considerarse un milagro. Tras estar en coma un día y una noche, cuando Gabriella abrió los ojos, no vio a su amado hijo, Enrico.
Miró débilmente a la enfermera mayor que se movía a su alrededor y habló sin fuerzas.
—Disculpe...
Al ver qu