Cristina observó el cabello blanco y las arrugas profundas de la mujer, suspiró y tomó sus manos entre las suyas.
—Por favor, no diga eso. No hablemos más del pasado, ¿le parece bien?
La anciana miró a la niña delgada y andrajosa de antaño, ahora convertida en una mujer hermosa. Se sintió feliz y acarició la cara de la joven; sus ojos hundidos brillaron con alegría.
—Buena niña... Todo fue culpa mía, pero al ver lo linda que te has puesto y que tienes un novio tan capaz a tu lado, me siento ali