Cristina observó el cabello blanco y las arrugas profundas de la mujer, suspiró y tomó sus manos entre las suyas.
—Por favor, no diga eso. No hablemos más del pasado, ¿le parece bien?
La anciana miró a la niña delgada y andrajosa de antaño, ahora convertida en una mujer hermosa. Se sintió feliz y acarició la cara de la joven; sus ojos hundidos brillaron con alegría.
—Buena niña... Todo fue culpa mía, pero al ver lo linda que te has puesto y que tienes un novio tan capaz a tu lado, me siento aliviada.
Cristina rio.
—El que vino conmigo no es mi novio.
—¿No?
La directora, que vivía un tanto aislada y con ideas más tradicionales, solía asumir que, si dos jóvenes andaban juntos y se veían cercanos, debían ser pareja. Negó y sonrió de forma autocrítica.
—Se nota que ya estoy vieja, estoy totalmente desconectada del mundo. Los jóvenes de ahora son diferentes a los de mis tiempos.
Cristina sostenía la mano de la directora con cariño, y sus ojos reflejaban una felicidad genuina que, bajo la l