—Joven Junior, venía a preguntarle si le apetece algo —dijo Marta desde la puerta.
—Hola, Marta. Sí, tengo sed. Gracias —respondió él con amabilidad.
—Joven… yo quería preguntarle otra cosita... —comenzó Marta, titubeando. En ese momento, Mary entró en la habitación.
—Veo que ya estás despierto.
—Sí, tengo un poco de sed. Le decía a Marta —respondió él, intentando acomodarse en la cama.
Marta miró a Mary de reojo. No le agradaba su presencia en la hacienda.
—Sí, joven. Ya le traigo el jugo —dij