—Padre mío, ¿qué te puedo decir? Así soy yo —dijo, sentándose junto a los demás.
—Eres una cínica. ¿Por qué me causas tantos problemas?
—Padre, soy tan parecida a ti —dijo en tono burlón.
—¡Ya! Terminen esta conversación, por favor —levantó la voz Margaret. Todos la miraron, ya que jamás se salía de sus casillas.
—Michael, ¿dónde estuviste anoche? —replicó Marcela, sin importar el enojo de sus padres—. Te busqué por todas partes y me dijeron que te habías marchado sin que la fiesta terminara.
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