Valeria despertó sobresaltada en medio de la noche, como le pasaba casi todas las semanas. Tenía la respiración agitada y la frente cubierta de sudor. En su sueño, Damián seguía vivo. La miraba desde la oscuridad con esa sonrisa fría y le susurraba: “Nunca vas a ser libre”.
Se sentó en la cama y miró hacia la ventana. La luna iluminaba la habitación. Mateo dormía profundamente a su lado, con el brazo extendido hacia donde ella debería estar. Luca dormía en la habitación de al lado, con la puert