SIENNA
— Dime que es mentira —le pido con la voz quebrada.
Todo mi cuerpo tiembla descontroladamente.
Massimo forma una línea fina con su boca. No se acerca cuando vuelvo a retroceder un paso. S in embargo, mantiene sus ojos fijos en todos mis movimientos. Atento a mí.
— Lo siento, Sienna.
Siento un dolor en el corazón, como si alguien estuviera apretando mi pecho a tal punto que corta mi respiración. Llevo una mano a ese doloroso punto, sintiendo mi acelerado pulso.
— No puede ser —sollozo—