MASSIMO
— ¿Y cuándo piensas decirle?
La voz de Matteo suena seca, sin rodeos. Como siempre.
Agarro con fuerza la copa de vino entre mis dedos y me obligo a no responder de inmediato. En vez de eso, tomo un gran sorbo, dejando que me queme la garganta como si eso pudiera suavizar lo inevitable.
— Puta madre... —respondo al fin, apoyando el vidrio contra mi rodilla mientras lo observo girar lentamente el líquido oscuro—. Estoy intentando evitar ese momento.
Estamos sentados en la pequeña habitaci