MASSIMO
La luz me quema los párpados antes de siquiera abrirlos.
No sé si ha pasado un día o una semana, pero el dolor en mi estómago me dice que no fue un mal sueño. Es real. Todo lo es. El ardor me atraviesa como brasas encendidas justo por debajo de las costillas, irradiando hacia el pecho, hacia la espalda, hacia mi respiración, que no es más que un jadeo quebrado.
Parpadeo.
El techo... lo reconozco. Blanco, con líneas rectas, sin lámparas colgantes ni decoraciones. Las paredes son lisas, i