MASSIMO
La sangre me corre por la sien, tibia y espesa, mientras el desorden estalla a mi alrededor. Los gritos, los disparos y el olor a pólvora se mezclan con las luces que encienden el lugar, que aún intentan resistirse. Me tambaleo, pero no cedo. Frente a mí está Leonardo Valieri, jadeando como un animal salvaje, los ojos desorbitados, inyectados de odio y desesperación. Sé lo que viene. Esto ya no es una pelea; es una ejecución.
Lo miro fijamente, sin esconder la verdad.
Eso es todo lo qu