SIENNA
— Escúchame bien. Supongo que aún no adivinas quién soy y para esta reunión es importante que sepas de qué lado te conviene estar —me advierte Massimo, frenando en seco en medio de uno de los corredores del tercer piso.
Lo observo a los ojos, algo inquieta.
— Massimo Leone, ¿no? ¿Qué más debo saber de ti? —pregunto con cautela, esperando que no sea lo que pienso, lo que muy en el fondo sospecho.
Él aprieta un poco la mandíbula, un gesto casi imperceptible.
— Así es. Massimo Leone, líder