Carlos Herrera dejó la taza con un golpe seco.
—No me digas 'lo siento'. Haz lo que debas. Y si él cree que nuestra familia se aprovecha de su posición, dile que sí, que lo estamos haciendo y que se aguante.
Una convicción feroz inundó el pecho de Valeria.
Asintió con determinación.
—De acuerdo.
***
Valparaíso.
Sebastián miró el teléfono, con el puño apretado con furia.
¡Esa mujer debía ser la madre de Valeria!
¡La Señora Herrera de la Capital!
Una mujer de la alta sociedad.
Podría haber sido