Siempre había sabido que el Señor Flores era despreciable y vil, pero no esperaba que su hija lo hubiera heredado por completo.
Al pensar en eso, la sonrisa de Andrés se volvió aún más gentil:
—Eso no tiene que ver contigo. Tú eres tú, tu padre es tu padre. Por supuesto que no los mezclo.
El corazón de Mónica se conmovió levemente:
—¿De verdad?
Luego, como si sintiera que su reacción no era la adecuada, añadió:
—Quiero decir, ¿realmente no me odiarás por esto?
En ese momento, Mónica se mostra