Su mirada era profunda e insondable:
—¡Alto!
El conductor detuvo el coche de inmediato y encendió las luces de emergencia.
Sebastián colgó el teléfono, bajó del coche y cruzó la calle a paso largo.
Carolina intentó seguirlo, pero no pudo.
El tráfico era intenso, y quedó atrapada al otro lado de la calle.
Valeria estaba llamando a la grúa; una llanta de su coche se había pinchado por alguna razón.
De repente, alguien le agarró el hombro y la obligó a darse la vuelta.
—¿Quién diablos eres?
El tel