—No la conocemos, mamá —dijo Sofía.
Bárbara, furiosa, exclamó:
—¡Pero qué niño más desagradecido! Tu mamá es quien más te quiere, ¿cómo es que defiendes a los de afuera? Cualquiera puede ser madrastra, ¡pero mamá solo hay una! ¿A tu edad y aún no sabes distinguir entre los tuyos y los extraños? ¡Qué mala educación!
Por su cercanía con Carolina, Bárbara habló sin pensar.
Pero esas palabras afectaron a Sebastián.
Sin embargo, en el siguiente instante, una esbelta figura vestida de negro se movió