¡Las miradas de esos guardaespaldas eran como si vieran a muertos en vida!
¡Ellas nunca habían vivido algo así!
—Me equivoqué… lo siento, lo siento… —Felipa se disculpó entre lágrimas.
Carolina apretó los dientes, sintiéndose completamente humillada.
Y, en menos de tres minutos, Bárbara, también controlada por los guardaespaldas, empezó a quebrarse del miedo.
—¡No! ¡No me toquen…! ¡Hablé sin pensar! ¡No volveré a decir eso! ¡Se lo ruego…!
Medio minuto después, otro guardaespaldas sacó a Bárbara