Secretos al descubierto (2da. Parte)
Al día siguiente
New York
Lance
El trayecto hasta la casa de mi madre se me hace eterno. Siento el peso en el estómago, como si cargara una piedra. Respiro hondo frente a la gran puerta de hierro y, por un instante, pienso en dar media vuelta. No lo hago. No puedo. Hoy debo decirle la verdad.
Toco el timbre. Mis nudillos suenan más firmes de lo que siento por dentro. A los pocos segundos aparece el ama de llaves, siempre con la misma calma.
—Hijo, tu madre está en el comedor desayunando —dice en