La conciencia de Nathaniel Vance regresó lentamente, arrastrándose desde una bruma de licor y agotamiento.
Lo primero que percibió fue una fragancia cálida y reconfortante: el dulce aroma a café recién hecho que danzaba en el aire, mezclado con la irresistible dulzura de wafles recién horneados y un toque de vainilla. Era un contrapunto delicioso al hedor de la desesperación que había sentido la noche anterior.
El sonido distante del tráfico matutino de la ciudad apenas penetraba la tranquilida