La declaración de la mujer, un susurro directo y electrizante, dejó a Nathaniel Vance en shock. "¿Te quiero a ti?" La frase resonó en el aire, cargada de una ambigüedad que le hizo palpitar el corazón con fuerza. Sus ojos se abrieron ligeramente, la incredulidad tiñendo su expresión.
—¿A mí? —preguntó Vance, su voz apenas un hilo, señalándose a sí mismo con el dedo. La mezcla de sorpresa y una pizca de esperanza lo desconcertó—. ¿Cómo…?
Ella sonrió, una sonrisa enigmática que no desvelaba todas