La sangre cubría las manos de Anastasia, el cuchillo yacía a sus pies, y el cuerpo destrozado de Rebecca gimoteaba en el suelo. El horror de lo que había hecho la golpeó con una fuerza abrumadora. Sus ojos se fijaron en Ellis, el terror suplantando la furia. Desconocía qué la embargó para hacer semejante cosa. Ella nunca había matado, no… ¡Eso no contaba! Ella no era una asesina. Ella solo se defendió de lo que Rebecca quería, y acunando su vientre, Anastasia tragó grueso y más lágrimas cayeron