La celda era un cuadrado de cemento frío, iluminado por una luz parpadeante que acentuaba las sombras en el rostro de Rebecca Thorne. Había estado allí horas, desde el incidente en el almacén, el recuerdo de la mentira de Vance quemándole el alma y la promesa de su hijo pendiendo como una espada de Damocles sobre su cabeza, pero la soledad, el silencio opresivo, comenzó a arrastrarla de vuelta a la noche que lo cambió todo.
La noche en que Anastasia despertó.
Rebecca cerró los ojos, y la oscuri