El aire era denso, pesado, impregnado de una humedad constante y un sutil olor a tierra mojada y metal.
Rebecca abrió los ojos, su cabeza ya no pulsaba con la agonía del día anterior, pero una sorda molestia persistía en ella, zumbando. El vendaje en su brazo era menos apretado, y aunque los músculos le dolían con cada movimiento, sentía una fuerza renovada, una energía que hacía días no experimentaba ni pensó que lo haría.
Se levantó con cautela de la cama improvisada, pero sorprendentemente c