El motor del auto rugía en el silencio de la noche, un sonido que se sentía como un grito de guerra.
Anastasia condujo por la carretera, el asfalto era una cinta negra y sin fin que la llevaba a su destino. La vieja fábrica de químicos abandonada a cien kilómetros de su hogar era un punto en el mapa, pero en su mente, era un infierno. Un lugar donde lo haría pagar y donde Ellis se arrepentiría de haber nacido. No dejó de pensar en cómo mataría a Ellis tan lentamente que desearía nunca haberla c