El aire de Rumania era frío y denso, con un olor a tierra húmeda, a metal oxidado y a olvido. La camioneta negra se detuvo con un chirrido silencioso de los neumáticos sobre la grava. Vance bajó, sintiendo que el frío del exterior se filtraba directamente a sus huesos. Sus asesores le dijeron que no fuera, pero era obstinado.
El lugar era una antigua construcción de hormigón, una estructura masiva y decadente que se erigía contra el cielo nocturno como un esqueleto colosal. El viento soplaba co