82. La Confesión de Diego
Al quinto día de su silencio autoimpuesto, Diego apareció en el estudio de Isidora sin avisar. Ella escuchó el timbre insistente y, al ver por la mirilla, sintió su corazón acelerar dolorosamente.
Abrió la puerta lentamente.
—Diego.
—Sé que pediste espacio —comenzó él, sus palabras saliendo apresuradas—. Y he intentado respetarlo. Pero no puedo más. Necesito que me mires a los ojos mientras te explico qué pasó realmente.
Isidora consideró cerrar la puerta directamente. Pero otra parte de ella, l