52. La Visita al Convento
Isidora despertó el lunes con un peso en el pecho que no la dejaba respirar. Las palabras de Amy seguían resonando en su mente como campanas funerarias. Las dudas sobre Diego se habían instalado en algún lugar oscuro de su cerebro, creciendo como moho.
Necesitaba claridad. Paz. Algo que el taller y los diseños no podían darle.
Se vistió con ropa simple, una falda larga color azul marino y una blusa blanca. Tomó su bolso y bajó las escaleras sin desayunar.
Caterina la interceptó en el vestíbulo.