51. Las Dudas Sembradas (Parte 1)
Amy llegó a la mansión el domingo por la tarde con una bolsa de pasteles y una expresión de preocupación que parecía perfectamente sincera.
—Vine tan pronto como pude —dijo cuando Caterina la dejó subir al taller—. Estuve llamándote todo el día de ayer.
—Lo sé. Apagué mi teléfono.
—No te culpo. Esa foto está por todas partes.
Isidora continuó trabajando en el bordado delicado que estaba agregando al segundo diseño. No levantó la vista, sus dedos moviéndose con precisión mecánica.
—Ya lo procesé.