22. El Debut de una Princesa
Isidora permaneció de pie en el centro de la suite. El silencio de la Mansión Franzani era una burla cruel. Era un silencio caro, blindado, pero estaba saturado de la ausencia de Matteo.
Matteo se había ido.
Se había marchado con Lucía, tal como había prometido. Y la había dejado a ella, su supuesta prometida, sola, con la imagen de su cuerpo pegado a la pared de la boutique. Ella se tocó el lóbulo de la oreja, el lugar exacto donde él había susurrado su amenaza: «La próxima vez que te haga temb