Quedo parada frente a la puerta del despacho de mi padre. Respiro hondo antes de llamar. Cuando escucho su voz del otro lado y me autoriza a pasar, giro el pomo y empujo lentamente la puerta.
Lo primero en lo que mis ojos se fijan es en la espalda firme y ancha de mi padre. Su figura imponente y autoritaria siempre ha sido lo que roba la atención de muchos. Su presencia emana poder y control absoluto, como si el mismísimo aire a su alrededor se sometiera a su voluntad.
Hoy lleva puesto un traje