—No exageres, Adamo —digo después de unos minutos. Tuve que intervenir, ya que parecía capaz de cortarle la cabeza aquí mismo al perrito de Alan.
—Adamo —Ivy le toca el brazo luego de colocarse a su lado. Cuando tiene un poco de su atención, añade—: No hagas una locura, por favor.
Mi hermano la mira por unos segundos que parecen una eternidad, con una mirada que hace que el entorno se sienta más pesado. Estoy segura de que sigue molesto con ella.
—Suéltalo, hermano —insisto mientras pongo mi ma