Mundo ficciónIniciar sesiónLe seguía importando tres narices. Y prometiendo lo dicho, subió una mano hasta mi cara, dejándola completamente a mi disposición, y, por debajo, fue enterrando centímetro a centímetro su ardiente polla dentro de mi ano. Cuando entró la cabeza entera, no pude más y lo mordí. No con mucha fuerza, no buscando desgarrarlo, pero sí con la suficiente presión como para ahogar mis primeros gritos. Él no se inmutaba,







