Luciano entró en la bodega luego del mensaje de su hombre de confianza.
Su noche había sido bastante tormentosa, de nuevo algunas pesadillas lo atormentaban mientras estaba dormido, sin embargo, mientras estaba despierto tampoco estaba tan bien.
No paraba de observarla, tenía una belleza común, no era nada del otro mundo, pero lo estaba volviendo completamente loco.
Se veía tan inocente dormida allí, que la necesidad de protegerla poco a poco aumentaba.
Todo esto lo estaba traspasando que aunque estaba luchando con eso, aunque quería negarlo, era imposible.
Sus pasos resonaron en todo el lugar. Se escuchaban unos gritos suplicantes en el fondo. Luciano se ubicó delante de ellos, con su rostro cargado de rabia.
—Así que ustedes le permitieron el ingreso a mi bar a una persona detestable, una persona que no podía ingresar ni siquiera muerto.
Luciano los observo analizando a uno por uno.
Con ganas de dispararla a cada uno de ellos, hacerle un agujero a cada uno en su cabeza.
Por culpa