Los gritos de lamento en esa bodega ensordecían a cualquiera.
Luciano los vio con asco mientras lloriqueaban al mismo tiempo que sus pieles hervían queriendo estallar debido a la alta temperatura.
Los miró una vez más con el desagrado que la situación le provocaba.
—Déjalos que se mueran lentamente, ellos mismos buscaron su destino.
Gino movió su cabeza asintiendo.
—Señor, hay algo que averigüe. Necesito informarle.
Luciano les dio una última mirada y luego salió de allí.
Ambos fueron directo al despacho, Gino sacó unos documentos y se los puso sobre la mesa.
—¿Qué es esto? —cuestionó levantando una de sus cejas.
—No quería escuchar la conversación que tuvieron usted y la señorita, en donde ella le asegura que quiere matar a Dante… pero lo hice.
Luciano rodó los ojos, si Gino no fuera como un segundo padre para él hace mucho lo hubiera matado por pasar esa línea que nadie más había cruzado.
—Y creo que a ella le falta un poco más de determinación para poder hacer las cosas. Y